martes, abril 25, 2006

El mensaje es básicamente este:


El Código Da Vinci es una novela de ficción anti-católica que está resultando ser un éxito de ventas en todo el mundo.

Con más de 30 millones de ejemplares vendidos, traducida a 30 idiomas y con los derechos para la película en manos de Columbia Pictures y el director Ron Howard (con Tom Hanks de protagonista) se trata ya de un acontecimiento propio de la cultura de masas. Los protagonistas se ven envueltos en un thriller de aventura, descifrando la simbología secreta en la pintura de Leonardo Da Vinci.

Y el mensaje que transmite la novela es básicamente el siguiente:

1. Jesús no es Dios: ningún cristiano pensaba que Jesús es Dios hasta que el emperador Constantino lo deificó en el concilio de Nicea del 325.

2. Jesús tuvo como compañera sexual a María Magdalena; sus hijos, portadores de su sangre, son el Santo Grial (sangre de rey = sang real = Santo Grial), fundadores de la dinastía Merovingia en Francia (y antepasados de la protagonista de la novela).

3. Jesús y María Magdalena representaban la dualidad masculina-femenina (como Marte y Atenea, Isis y Osiris); los primeros seguidores de Jesús adoraban "el sagrado femenino"; esta adoración a lo femenino está oculta en las catedrales construidas por los Templarios, en la secreta Orden del Priorato de Sión -a la que pertenecía Leonardo Da Vinci- y en mil códigos culturales secretos más.

4. La malvada Iglesia Católica inventada por Constantino en el 325 persiguió a los tolerantes y pacíficos adoradores de lo femenino, matando millones de brujas en la Edad Media y el Renacimiento, destruyendo todos los evangelios gnósticos que no les gustaban y dejando sólo los cuatro evangelios que les convenían bien retocados.

En la novela el maquiavélico Opus Dei trata de impedir que los héroes saquen a la luz el secreto: que el Grial son los hijos de Jesús y la Magdalena y que el primer dios de los "cristianos" gnósticos era femenino.

Todo esto no se vende como una ucronía o una novela de historia-ficción en un pasado alternativo o una Europa imaginaria.
Se intenta vender como erudición, investigación histórica y trabajo serio de documentación. En una nota al principio del libro, el autor, Dan Brown, declara: "todas las descripciones de arte, arquitectura, documentos y rituales secretos en esta novela son fidedignas".

Como veremos, esto es falso: los errores, las invenciones, las tergiversaciones y los simples bulos abundan por toda la novela. La pretensión de erudición cae al suelo al revisar la bibliografía que ha usado: los libros serios de historia o arte escasean en la biblioteca de Brown, y brillan en cambio las paraciencias, esoterismos y pseudohistorias conspirativas.

Pero eso no impide a la prensa alabar el "trabajo histórico" que hay tras el libro. Por ejemplo, el Chicago Tribune se maravillaba de cómo el libro contiene "historia fascinante y documentada especulación que vale varios doctorados"; el New York Daily News decía "su investigación es impecable"; el crítico de El Periódico de Catalunya (12/12/03)

Ramón Ventura dice que "entender la novela como un panfleto anticristiano es no entender lo que es: un relato de aventuras por los espacios poco conocidos de la historia, donde se combinan los misterios de la religión con los enigmas del arte"; Dan Brown escribe con la pasión y la erudición de Matilde Asensi en "El último Catón".

La editora del libro en España, Aránzazu Sumalla, que ha encontrado una mina de oro para su pequeña editorial Umbriel (El Código Da Vinci vende 2.400 libros al día en España, 125.000 en los primeros 50 días), no entiende que en la página web del Opus Dei se critique negativamente el libro, que presenta al Opus como una secta destructiva dispuesta al asesinato y otras técnicas mafiosas, con el detalle de que el asesino Silas es numerario y lleva cilicio. Según la editora "se trata de una obra de ficción".

Pero Dan Brown, en su propia página web, dice bien claro que no ha escrito sólo una novela llena de despropósitos para divertir: "Como he comentado antes, el secreto que revelo se ha susurrado durante siglos. No es mío. Es cierto que puede ser la primera ocasión en que el secreto se desvela con el formato de un thriller popular, pero la información no es nueva. Mi sincera esperanza es que El Código Da Vinci, además de entretener a la gente, sirva como una puerta abierta para que empiecen sus investigaciones".

El resultado es que las ventas de libros pseudohistóricos sobre la Iglesia, los evangelios gnósticos, la mujer en el cristianismo, las diosas paganas, etc. se han disparado: la web de libros Amazon.com es la primera beneficiada, enlazando El Código Da Vinci con libros de pseudohistoria neopagana, feminista radical y new age.

La ficción es la mejor forma de educar a las masas, y disfrazada de ciencia (historia del arte y de las religiones en este caso) engaña mejor a los lectores.

Como afirma el dicho: "calumnia, que algo queda, y si calumnias con datos que suenen a científico -aunque sean inventados- queda más".

¿Inventó Constantino el cristianismo?

Toda la base "histórica" de Brown descansa sobre una fecha: el concilio de Nicea del año 325. Según sus tesis, antes de esta fecha, el cristianismo era un movimiento muy abierto, que aceptaba "lo divino femenino", que no veía a Jesús como Dios, que escribía muchos evangelios.

En este año, de repente, el emperador Constantino, un adorador del culto -masculino- al Sol Invicto se apoderó del cristianismo, desterró a "la diosa", convirtió al profeta Jesús en un héroe-dios solar y montó una redada a la manera stalinista para hacer desaparecer los evangelios que no le gustaban.

Para cualquier lector con algo de cultura histórica esta hipótesis resulta absurda por al menos dos razones:

1. Tenemos textos que demuestran que el cristianismo antes del 325 no era como dice la novela y que los textos gnósticos eran tan ajenos a los cristianos como lo son actualmente las publicaciones "new age": parasitarios y externos.

2. Incluso si Constantino hubiese querido cambiar así la fe de millones ¿cómo habría podido hacerlo en un concilio sin que se diesen cuenta no sólo millones de cristianos sino centenares de obispos? Muchos de los obispos de Nicea eran veteranos supervivientes de las persecuciones de Diocleciano, y llevaban sobre su cuerpo las marcas de la prisión, la tortura o los trabajos forzados por mantener su fe. ¿Iban a dejar que un emperador cambiase su fe? ¿Acaso no era esa la causa de las persecuciones desde Nerón: la resistencia cristiana a ser asimilados como un culto más? De hecho, si el cristianismo antes del 325 hubiese sido tal como lo describen los personajes de Brown y muchos neognósticos actuales nunca habría padecido persecución ya que habría encajado perfectamente con tantas otras opciones paganas. El cristianismo fue siempre perseguido por no aceptar las imposiciones religiosas del poder político y proclamar que sólo Cristo es Dios, con el Padre y el Espíritu Santo.

¿Jesús es Dios?

En la novela, el personaje del historiador inglés Teabing afirma que en Nicea se estableció que Jesús era "el Hijo de Dios". Un repaso a los evangelios canónicos, escritos casi 250 años antes de Nicea, muestra unas 40 menciones a Jesús como Hijo de Dios. Brown lo que está haciendo es copiar de uno de los libros pseudohistóricos que más ha plagiado para hacer su best-seller, Holy Blood, Holy Grial, en el que se afirma que "en Nicea se decidió por voto que Jesús era un dios, no un profeta mortal".

La verdad es otra. Los cristianos siempre han pensado que Jesús es Dios y así figura en los evangelios y en escritos cristianos muy anteriores a Nicea. Por ejemplo, y para disgusto de mormones, Testigos de Jehová o musulmanes (tres credos actuales que niegan que Jesús era Dios) podemos leer cómo Tomás dice al ver a Jesús resucitado:

[Juan 20,28] Ho Kurios mou ho Theos mou (Mi Señor y mi Dios)

O en Romanos 9,5; carta dictada por San Pablo a Tercio en casa de Gayo, en Corinto, en el invierno del 57 al 58 d.C:

"de ellos [los judíos] son los patriarcas, y como hombre ha surgido de ellos el Cristo, que es Dios, y está por encima de todo".

O en Tito 2,13:

"esperamos que se manifieste la gloria del gran Dios y salvador nuestro Jesucristo".

O en 2Pedro1,1:

"Simón Pedro, sirviente y apóstol de Jesucristo, a aquellos que por la justicia de nuestro Dios y salvador Jesucristo han recibido una fe tan preciosa como la nuestra".

Y saliendo de los evangelios tenemos los textos de algunos Padres de la Iglesia muy anteriores a Nicea:

"Pues nuestro Dios, Jesucristo, fue según el designio de Dios, concebido en el vientre de María, de la estirpe de David, pero por el Espíritu Santo" [Carta a los efesios de San Ignacio de Antioquía, c.35-c.107 d.C].

"Si hubieses entendido lo escrito por los profetas, no habrías negado que Él [Jesús] era Dios, Hijo del único, inengendrado, insuperable Dios" [Diálogo con Trifón, San Justino Mártir, c.100-c.165 d.C].

"Él [Jesucristo] es el santo Señor, el Maravilloso, el Consejero, el Hermoso en apariencia, y el Poderoso Dios, viniendo sobre las nubes como juez de todos los hombres" [Contra los herejes, libro 3, San Ireneo de Lyon, c. 130 -200 d.C].

"Sólo Él [Jesús] es tanto Dios como Hombre, y la fuente de todas nuestras cosas buenas" [Exhortación a los griegos, de San Clemente de Alejandría, 190 d.C].

"Sólo Dios está sin pecado. El único hombre sin pecado es Cristo, porque Cristo también es Dios" [El alma 41:3, por Tertuliano, año 210 d.C].

"Aunque [el Hijo] era Dios, tomó carne; y habiendo sido hecho hombre, permaneció como era: Dios" [Las doctrinas fundamentales 1:0:4; por Orígenes, c.185-c.254 d.C.].

Estas citas -y muchas otras- demuestran que los cristianos tenían clara la divinidad de Cristo mucho antes de Nicea. De hecho, en Nicea el debate era sobre las enseñanzas de Arrio, un sacerdote herético de Alejandría que desde el 319 enseñaba que Jesús no era Dios, sino un dios menor. De unos 250 obispos, sólo dos votaron a favor de la postura de Arrio, mientras que el resto afirmaron lo que hoy se recita en el Credo, que el Hijo de Dios fue engendrado, no creado y que es de la misma naturaleza (substancia, homoousios) que el Padre, es decir, que Dios Hijo es Dios, igual que Dios Padre también es Dios, un mismo Dios pero distintas Personas. Pese a esta unanimidad de los padres conciliares, el historiador Teabing en la novela dice que Cristo fue "designado Dios" ¡por un estrecho margen de votos!

Un historiador que no sabe historia

Teabing también dice una serie de cosas sobre cómo el cristianismo inventado por Constantino no era más que paganismo. "Nada en el Cristianismo es original", dice el personaje. Escribimos subrayadas las afirmaciones de El Código da Vinci y a continuación comentamos cada una.

-Los discos solares egipcios se convirtieron en halos de santos católicos.

El arte cristiano tiene que expresar conceptos bíblicos, como las caras luminosas de Moisés (en el Sinaí) y Jesús (en la Transfiguración).

Para ello usan un recurso común, los halos o nimbos que ya usaba el arte griego y el romano. Los emperadores romanos, por ejemplo, aparecen en las monedas con cabezas radiantes.

-Los pictogramas de Isis amamantando a su milagroso bebé Horus fueron el modelo para las imágenes de la Virgen María con el Niño Jesús.

La imagen de una madre amamantando es común a egipcios, romanos, aztecas o cualquier otra cultura que represente la maternidad. Isis, en los primeros siglos de nuestra era, ya no era una diosa popular de la agricultura egipcia, sino un culto mistérico de tipo iniciático para élites greco-romanas, culto que, por cierto, no incluía rituales sexuales que tanto gustan al autor. Los artistas cristianos, a la hora de representar a María con Jesús (una madre con un niño), usaron los modelos artísticos de la sociedad en la que estaban.

-"La mitra, el altar, la doxología y la comunión, el acto de comer a Dios, fueron tomados directamente de religiones mistéricas paganas anteriores.

La mitra de los obispos difícilmente puede estar inspirada en religiones mistéricas antiguas: no aparece en Occidente hasta mediados del s. X y en Oriente no se usa hasta la caída de Constantinopla en 1453.

El altar es -como el cristianismo mismo- de origen judío, no pagano. Hay 300 referencias a altares en el Antiguo Testamento. El altar de los sacrificios del Templo de Jerusalén es el punto de referencia del judaísmo antiguo y del simbolismo cristiano. Nada que ver con cultos paganos.

La Doxología (doxa=gloria; logos=palabra) no es más que la oración del Gloria: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres; te alabamos, te bendecimos, te adoramos." usa lenguaje puramente cristiano, con conceptos trinitarios y utilizando continuamente pasajes del Nuevo Testamento. Nada que ver con cultos mistéricos paganos.

La comunión y "comer a Dios": parece ser que en los niveles superiores del culto a Mithras existía una comida sagrada de pan y agua o pan y vino. No hay datos que indiquen que los mitraístas consideraran que en esa comida "comían un dios" ni nada similar. De nuevo, el origen de bendecir y compartir el pan es judío, como explica con detalle Jean Danielou en su estudio La Biblia y la liturgia. Parece que Jesús instituyó la Eucaristía cristiana durante una chabourá, una comida sagrada judía. No hay relación con cultos mistéricos paganos.

-El domingo, día sagrado cristiano, fue robado a los paganos

Falso. Desde el principio, los cristianos vieron el día después del sabbath, es decir, el día primero de cada semana, como el más importante, día de su reunión. Ya lo hacían en época de San pablo (ver Hechos 20,7: "y en el primer día de la semana, cuando estábamos reunidos para partir el pan.", o 1 Cor 16,2, cuando Pablo pide reunir las colectas y diezmos el primer día de la semana). Danielou, en La Biblia y la Liturgia, dedica todo su capítulo 16 a hablar de "El octavo día", con citas de Ignacio de Antioquía, de la Epístola de Barnabás, de la Didajé, todos autores de finales del s.I y principios del s.II Todos hablan del "dies domenica" (día del Señor). San Justino, hacia el 150 d.C es el primer cristiano en usar el nombre latino de Día del Sol para referirse al primer día de la semana.

Ya en el concilio de obispos hispanos de Elvira, en el 303 d.C se proclamó: "si alguien en la ciudad no viene a la iglesia tres domingos seguidos será excomulgado un tiempo corto, para que se corrija". Sólo 20 años después, en 321, Constantino declara oficialmente el domingo como día de descanso y abstención del trabajo. O sea, que el domingo es un "invento" cristiano, que posteriormente adoptó la sociedad civil, y no una fiesta pagana robada por cristianos, justo lo contrario de lo que dice la novela de Brown.

-También al dios hindú Krishna, recién nacido, se le ofreció oro, incienso y mirra

Extraído, al parecer, del libro de pseudohistoria The World's Sixteen Crucified Saviours, [Los 16 salvadores del mundo crucificados] escrito por Kersey Graves en 1875 y denostado incluso por ateos y agnósticos, aunque muy popular y copiado en Internet. Graves no da nunca documentación de sus afirmaciones. Ésta del oro, incienso y mirra parece simplemente un invento. En la literatura hindú no sale por ningún sitio. El Bhagavad-Gita (s.I d.C.) no menciona la infancia de Krishna. En las historias sobre el Krishna niño del Harivamsa Purana (c.300 d.C) y el Bhagavata Purana (c.800-900.dC.) tampoco aparecen regalos.

-El dios Mithras, nacido en 25 de diciembre como Osiris, Adonis y Dionisos, con los títulos "Hijo de Dios" y "Luz del Mundo", enterrado en roca y resucitado 3 días después, inspiraron muchos elementos del culto cristiano.

En realidad, la fiesta pagana del 25 de diciembre en Roma la inventó el emperador Aurelio en 274, muchos años después de que los cristianos latinos celebrasen el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Cristo.

Aunque en la novela hablen de Mithras como un dios "muerto, enterrado en roca y resucitado tres días después", esta afirmación no sale recogida en ningún texto ni tradición antigua sobre Mithras. Al parecer es otro de los préstamos tomados del panfleto decimonónico de Kersey Graves, en concreto del capítulo 19 de The World's Sixteen Crucified Saviours. Por supuesto, Graves no da documentación.

Gnosticismo al servicio del feminismo radical

¿Por qué el mundo va tan mal, hay guerras, violencia y contaminación? La respuesta del feminismo radical y de El Código Da Vinci es sencilla, la culpa es del cristianismo, que es machista:

"Constantino y sus sucesores masculinos convirtieron con éxito el mundo desde el paganismo matriarcal hasta la Cristiandad patriarcal mediante una campaña de propaganda que demonizó lo sagrado femenino, eliminando a la diosa de la religión moderna." Como consecuencia, "la Madre Tierra se ha convertido en un mundo de hombres, y los dioses de la destrucción y la guerra se toman su tributo. El ego masculino ha pasado dos milenios sin equilibrarse con su balanza femenina. una situación inestable marcada por guerras alimentadas con testosterona, una plétora de sociedades misóginas y una creciente falta de respeto por la Madre Tierra"

Esto se habría evitado de seguir el "cristianismo" gnóstico, algunos de cuyos grupos y tendencias consideraban lo divino como masculofemenino, relaciones armónicas de puestos (ying-yang), o incluso andrógino. Jesús -según los gnósticos del s. II y los newagers feministas del s. XX- necesita un opuesto femenino que le complete; su consorte sería María Magdalena. Y unos documentos que lo avalen: los evangelios apócrifos, textos gnósticos imaginativos sin base histórica.

Mientras que los evangelios canónicos son del s. I, ningún texto gnóstico es anterior al s. II. Muchos son del s. III, IV o V. A mediados del s. II la Iglesia ya tenía claro que los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan eran los inspirados por el Espíritu Santo, y sólo dudaba en el canon de un par o tres de textos. Es falsa la idea de la novela de que en el 325, con Constantino, de entre "más de 80 evangelios considerados para el Nuevo Testamento", sólo se eligieron cuatro: estos cuatro ya hacía 200 años que estaban seleccionados, como leemos en los textos de Justino Mártir (150 d.C) y de San Ireneo.

En El Código Da Vinci hay material de muchos tipos: new age, ocultismo, teorías conspiratorias, neopaganos, wiccas, astrología, préstamos orientales y amerindios. pero el cóctel gnóstico-feminista es la base de la macedonia. Hay poca investigación verdadera sobre el Santo Grial, pero mucha sangría.

Así, se nos cita un texto que existe de verdad, el Evangelio de María Magdalena, una obra gnóstica tardía, escrita por autores de una secta gnóstica, desde fuera del cristianismo. En él, María besa en la boca a Jesús y eso causa la envidia de los apóstoles. Según Teabing, el historiador de la novela, "Jesús era el primer feminista. Pretendía que el futuro de su iglesia estuviese en manos de María Magdalena".

Lo que nadie cita es el versículo 114 del famoso texto gnóstico Evangelio de Tomás, donde Jesús dice que Él hará de María Magdalena "un espíritu viviente que se parezca a vosotros, varones. Porque cada mujer que se haga a sí misma varón entrará en el reino de los cielos". El gnosticismo antiguo es reciclado por antagonistas de la Iglesia actual, pero para ello han de rechazar algunas cosas del gnosticismo antiguo, que en realidad era machista, elitista, despreciaba el cuerpo y todo lo material y es difícil de vender como "el auténtico cristianismo".

Así, el entusiasmo del autor por los "ritos de fertilidad", que tanto admiran -y practican- los protagonistas, no tiene nada que ver con la fertilidad, obviamente, sino con el placer sexual. Es un signo de los tiempos, pero también una herencia gnóstica y cátara: engendrar, dar vida a nuevos cuerpos, es malo. ¡Justo lo contrario que en el cristianismo! Sexo sin concepción. es de suponer que la próxima novela trate de clonación, es decir, de concepción sin sexo.

Otros muchos errores

Sandra Miesel, una periodista católica especializada en literatura moderna popular, no puede evitar hacer un listado de errores misceláneos del libro, como ejemplo de su "impecable" documentación.

a. Se dice que el planeta Venus se mueve dibujando un pentagrama, el llamado "pentagrama de Ishtar", simbolizando a la diosa (Ishtar es Astarté o Afrodita). Al contrario de lo que dice el libro, la figura no es perfecta y no tiene nada que ver con las Olimpiadas. Las Olimpiadas se celebraban cada cuatro años y en honor de Zeus, nada que ver con los ciclos de Venus ni con la diosa Afrodita.

b. El novelista dice que los cinco anillos de las olimpiadas son un símbolo secreto de la diosa; la realidad es que cuando se diseñaron las primeras olimpiadas modernas el plan era empezar con uno e ir añadiendo un anillo en cada edición, pero se quedaron en cinco.

c. En la novela presentan la larga nave central y hueca de una catedral como un tributo secreto al vientre femenino, con las nervaduras como pliegues sexuales, etc. Está tomado del libro de pseudohistoria “The Templar Revelation”, donde se afirma que los templarios crearon las catedrales. Por supuesto es falso: las catedrales las encargaron los obispos y sus canónigos, no los templarios. El modelo de las catedrales era la iglesia del Santo Sepulcro o bien las antiguas basílicas romanas, edificios rectangulares de uso civil.

d. El Priorato de Sión realmente existe, es una asociación francesa registrada desde 1956, posiblemente originada tras la II Guerra Mundial, aunque clamen ser herederos de masones, templarios, egipcios, etc. No es creíble la lista de Grandes Maestres que da la novela: Leonardo Da Vinci, Isaac Newton, Victor Hugo.

e. La novela dice que el tetragramaton YHWH, el nombre de Dios en letras hebreas, viene de "Jehová, una unión física andrógina entre el masculino Jah y el nombre pre-hebreo de Eva, Havah". Al parecer, nadie ha explicado a Brown que YHWH (que hoy sabemos que se pronuncia Yahvé) empezó a pronunciarse "Jehová" en la Edad Media al interpolarse entre las consonantes las vocales de "Adonai".

f. Las cartas del tarot no enseñan doctrina de la diosa; se inventaron para juegos de azar en el s.XV y no adquirieron asociaciones esotéricas hasta finales del s.XVIII. La idea de que los diamantes de la baraja francesa representan pentáculos es un invento del ocultista británico A.E. Waite. ¿Qué dirán los esotéricos de la baraja española con sus copas -símbolos sexuales femeninos- y sus espadas -símbolos fálicos, quizá como los garrotes.-?

g. El Papa Clemente V no eliminó a los templarios en un plan maquiavélico ni echó sus cenizas al Tíber: el Tíber está en Roma y Clemente V no, porque fue el primer papa en Avignon. Toda la iniciativa contra los templarios fue del rey francés, Felipe el Hermoso. Masones, nazis y ahora los neognósticos quieren ser herederos de los templarios.

h. Mona Lisa no representa un ser andrógino, sino a Madonna Lisa, esposa de Francesco di Bartolomeo del Giocondo. Mona Lisa no es un anagrama de los dioses egipcios Amón e Isa (Isis).

i. En La Última Cena de Leonardo, no aparece el cáliz y aparece el joven y guapo San Juan, el discípulo amado. La novela dice que el joven guapo en realidad es María Magdalena, que ella es el Grial. La verdad es que no sale el cáliz porque el cuadro está describiendo la Última Cena tal como sale en el Evangelio de San Juan, sin institución de la Eucaristía, más concretamente cuando Jesús avisa "uno de vosotros me traicionará" (Juan 13,21).

j. La novela habla de que Leonardo recibió muchos encargos de la Iglesia y "cientos de lucrativas comisiones vaticanas". En realidad Leonardo pasó poco tiempo en Roma y apenas le mandaron algún encargo.

k. En la novela presentan a Leonardo como un homosexual ostentoso. En realidad, aunque en su juventud fue acusado de sodomía, su orientación sexual no está del todo clara.

l. La heroína, Sophie Neveu, usa el cuadro de Leonardo “La Madonna de las Rocas” como un escudo y lo aprieta tanto a su cuerpo que se dobla: es asombroso, porque se trata de una pintura sobre madera, no sobre lienzo, y de casi dos metros de alto.

m. Según los protagonistas de la novela, "durante trescientos años la Iglesia quemó en la estaca la asombrosa cifra de cinco millones de mujeres". Esta es una cifra repetida en la literatura neopagana, wicca, new age y feminista radical, aunque en otras webs y textos de brujería actual se habla de 9 millones. Los neopaganos necesitan una "shoah" propia.

Cuando acudimos a historiadores serios se calcula que entre 1400 y 1800 se ejecutaron en Europa entre 30.000 y 80.000 personas por brujería. No todas fueron quemadas. No todas eran mujeres. Y la mayoría no murieron a manos de oficiales de la Iglesia, ni siquiera de católicos. La mayoría de víctimas fue en Alemania, coincidiendo con las guerras campesinas y protestantes del s. XVI y XVII. Cuando una región cambiaba de denominación, abundaban las acusaciones de brujería y la histeria colectiva. Los tribunales civiles, locales y municipales eran especialmente entusiastas, sobre todo en las zonas calvinistas y luteranas. De todas formas, la brujería ha sido perseguida y castigada con la muerte por egipcios, griego, romanos, vikingos, etc... El paganismo siempre mató brujos y brujas. La idea del neopaganismo feminista de que la brujería era una religión feminista precristiana no tiene base histórica.

Y se podría seguir diseccionando los errores y los simples engaños de este best-seller mentiroso. Por no hablar de su calidad literaria. Pero ¿vale la pena tanto esfuerzo por una novela? La respuesta es sí: para miles de jóvenes y adultos, esta novela será su primer, quizá único contacto con la historia antigua de la Iglesia, una historia regada por la sangre de los mártires y la tinta de evangelistas, apologetas, filósofos y Padres. No sería digno de los cristianos del s. XXI ceder sin lucha ni respuesta ante el neopaganismo el espacio que los cristianos de los primeros siglos ganaron con su fidelidad comprometida a Jesucristo.

Notas del autor:

Para este artículo he utilizado mucho material de Carl Orlson, uno de los responsable de la magnífica web www.envoymagazine.com

A quien lea inglés le recomiendo visitar http://www.envoymagazine.com y todos sus links sobre las relaciones entre cristianismo, gnosticismo y paganismo.

Fuente: E-cristians.net - 09 / 01 / 03 -
(http://www.e-cristians.net/listados/marcos.asp?ide=5513&cat=hecho&lan=esp)

Artículo publicado en Info - Spes
Boletín Informativo de la Fundación S.P.E.S.
Nº 61 - Enero de 2003
Cortesía de: José María Baamonde
E-mail: infospes@yahoo.es
Copyright @ ACI Prensa

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El Código Da Vinci en el cine

Autor: Padre Jordi Rivero

El Código de Da Vinci de Dan Brown es un "best seller". Pronto será llevado al cine. Es una falsificación de la historia, de la teología y del arte. No vende por ser bueno sino por presentar un falso cristianismo.

Por eso es importante que quienes amamos a Jesucristo estemos preparados para dar razón de nuestra fe. No me sorprende que este libro sacrílego, que niega la divinidad de Cristo, sea popular entre los enemigos de Jesucristo.

Pero, ¿Entre los cristianos, tanto católicos como protestanes? ¿Como es posible? La respuesta es que una gran cantidad de cristianos no conocen ni siquiera los fundamentos de la fe. Juan Pablo II nos advirtió de "una apostasía silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera" (13 Julio-03).

Esa apostasía ya alcanza gigantescas proporciones. La cultura sin valores a la que estamos expuestos, si no es contrarestada con una práctica asidua de la fe, termina debilitando gravemente al cristiano.

Sin claridad doctrinal no se puede discernir entre la verdad y la intriga, la controversia y la calumnia.

Alguno objetará: ¿Pero, acaso no es ficción? Aunque el libro se cataloga como ficción, el actor lo presenta como si fuese el resultado de una minuciosa investigación. Tras inventar toda una fabulosa trama de mentiras y sacrilegios absurdos crea un Evangelio falso. Al mismo tiempo declara que la Iglesia "inventó" la fe católica. Estas mentiras, al repetirse con tanta frecuencia, se van aceptando.

Las mentiras del libro han sido expuestas y refutadas:
-La estrategia que esconde "El Código da Vinci"
-Respuestas a las mentiras del Código DaVinci -e-christians
-La Estafa del Código DaVinci - Pablo Ginés Rodríguez, Aciprensa + Univ. Anahuac
-Los Illuminati y el Priorato de Zion -:Forum Libertas

Es de lamentar que, para muchos, la verdad no interesa porque compromete a cambiar la vida. A estos se les debe recordar que quien se cierra a la verdad y continúa poniendo el oído a la mentira que ya ha sido descubierta, se hace cómplice de ella. Así ocurrió con Adán y Eva. Ya sabemos las consecuencias.

ENGLISH RESOURCES:
-The bishops of USA have a website to set straight the identiy of Jesus: www.jesusdecoded.com
-Davinci Antidote
-Craking the Code -Envoy Magazine
-Bad writing, bad history, bad theology -Envoy
-Dismantling the DaVinci Code -Sandra Miesel, CatholicCulture.org

Bibliography
The Da Vinci Hoax, Exposing the Errors in The Da Vinci Code, Carl Olson and Sandra Miesel, IgnatiusPress
The Da Vinci Code, Getting the rest of the Picture. Catholic Answers. Carl E. Olson and Sandra Miesel La estrategia que esconde «El Código da Vinci»


Fuente:
www.corazones.org
Autoras: Congregación Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María

lunes, abril 24, 2006

El Codigo da Vinci y la Iglesia Católica

Autor: Oficina de información del Opus Dei en Internet | Fuente: Oficina de información del Opus Dei en Internet
El Código Da Vinci y la Iglesia Católica’
Publicamos a continuación una selección de valoraciones que han publicado algunos de los principales periódicos estadounidenses, británicos y españoles.


Recientemente se ha publicado en España una novela titulada “El Código Da Vinci” (Dan Brown. Ed. Umbriel). Con la excusa de haber escrito un libro de ficción, el autor presenta una imagen muy negativa de la Iglesia Católica y el Opus Dei, que en nada se corresponden con la realidad. Publicamos a continuación una selección de valoraciones que han publicado algunos de los principales periódicos estadounidenses, británicos y españoles.


31 de octubre de 2003


EL CULTURAL DE EL MUNDO


El Código Da Vinci: libro oportunista y pueril
Por Rafael Narbona

Ofrecemos la reseña literaria que el suplemento ´El cultural´ del diario español EL MUNDO ha publicado sobre el libro ´El código Da Vinci´. La firma Rafael Narbona y fue publicada el 4 de diciembre de 2003.

Los libros que nacen con vocación de best-seller apenas logran ocultar su condición de productos manufacturados. ´El código Da Vinci´ no es una obra de creación, sino un artefacto concebido para transformarse en un fenómeno comercial. Reúne todos los elementos que garantizan el éxito fácil: una trama policíaca, con conexiones políticas y religiosas, unos personajes estereotipados, ciertas dosis de trascendencia filosófica, un erotismo libre de estridencias y una escritura plana.

Robert Langdon, un experto en simbología con aires de Harrison Ford, descubrirá que el Santo Grial no es una copa sino el nombre oculto de María Magdalena. Descendiente de reyes, María Magdalena no fue una prostituta sino la esposa de Jesús y la madre de su hija, Sarah. Su vientre recibió la sangre de Cristo y su misión era perpetuar el linaje de un profeta mortal, que sólo se convirtió en Hijo de Dios por efecto de manipulaciones posteriores. Jesús escogió a Magdalena como cabeza de su Iglesia, pero Roma nunca aceptó ese legado, organizando las Cruzadas para destruir los documentos que revelaban la verdad.

El Priorato de Sión surgió como una orden secreta encargada de conservar las pruebas que acreditaban la existencia del linaje engendrado por Jesús y Magdalena. Leonardo da Vinci, Boticeli, Newton y Víctor Hugo pertenecieron a esa sociedad. Cumplieron con su compromiso, pero sembraron sus obras de símbolos que aludían a esa historia: el apóstol que ocupó la derecha de Cristo en ´La Última Cena´ de Leonardo no es otro que María Magdalena.

Tal Vez Brown haya pretendido emular a Umberto Eco, mezclando misterio, erudición y filosofía, pero sólo ha conseguido elaborar un libro oportunista y pueril. La perplejidad de Langdon ante una inscripción que se atribuye a una lengua muerta se resuelve cuando un espejo revela que las letras están simplemente invertidas.

La presunta implicación del Vaticano sólo evidencia una obscena complacencia con el escándalo. Ron Howard ya ha manifestado su intención de realizar una adaptación cinematográfica. Si es cierto que los malos libros inspiran excelentes películas, habrá que esperar una obra maestra.

The Times (Londres)
Santa farsa

Por Peter Millar
21 de junio de 2003

“Este libro es, sin duda, el más tonto, inexacto, poco informado, estereotipado, desarreglado y populachero ejemplo de pulp fiction que he leído”.

“En ‘La Herencia Scarlatti’, ‘El Círculo Matarese’ o ‘El Engaño Prometheus’, Robert Ludlum entretejió una trama de complots extravagantes protagonizados por personajes de cartón piedra que entablan diálogos ridículos. Dan Brown, me temo, es su digno sucesor”.

“Ya es malo que Brown abrume al lector con referencias New Age (...) pero es que además lo hace mal”.

“Los editores de Brown han obtenido un puñado de elogios brillantes de escritores de película de suspense americanas, de esos de tercera fila. Sólo puedo deducir que la razón de su alabanza exagerada puede ser porque sus obras, cuando se las compara con este libro, quedan elevadas a la categoría de obra maestra”.

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La Razón (España)

¿Esposa o pecadora?

Por José Mª Carrascal

"Se destaca la ensalada de hechos y fábulas que maneja, sin aclarar nada. El crítico del New York Times lo ha calificado de ´Insulto a la inteligencia´"

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Catholic News Service


Una historia disfrazada de Historia en “El código de Da Vinci”

Por Joseph R. Thomas
6 de junio de 2003

“‘El Código de Da Vinci’ es una novela sobrescrita y exagerada (...). Esta novela deforma la historia de la Iglesia bajo un disfraz moderno de la antigua herejía Arriana, entretejiendo retales históricos y pseudo-históricos”.

“Brown mezcla hechos reales con especulación y fantasía de tal manera que el resultado final cobra fácilmente cierta verosimilitud. En un escritor, esto es una habilidad de gran valor. Pero, como cualquier habilidad, puede ser utilizada de forma deshonesta”.

“En "El Código Da Vinci" esta habilidad se utiliza para poner en duda la base de la fe cristiana y atacar a la Iglesia en un formato -la novela- en el cual una persona generalmente no espera encontrar argumentos enmascarados como verdades históricas”.

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Chicago Sun Times

Descargas contra los católicos, una vez más

Por Thomas Roeser
27 de septiembre de 2003

“En nuestra “correcta” sociedad, una declaración racista, antijudía, contraria a los homosexuales o las mujeres puede descalificar a un escritor durante mucho tiempo. Pero no ocurre así con los insultos a Jesucristo y a sus discípulos. Paradójicamente: escribir un libro extenso sobre una conspiración católica llena de chismes supone obtener abundantes beneficios y notoriedad”.

“La novela mezcla realidad y ficción en forma de docudrama y arroja conjeturas sin fundamento contra el catolicismo”.

“La supuesta ‘investigación’ de Brown bebe de las fuentes de un feminismo extremista”.

“Estas excéntricas conjeturas se mezclan con hechos e investigaciones chapuceras”.

“La novela forma parte de un género que presenta un odioso estereotipo del catolicismo como un villano. El odio al catolicismo impregna todo el libro, pero las peores invectivas las recibe el Opus Dei”.

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New York Daily News


Código caliente, crítica ardiente

Por Celia McGee
4 de septiembre de 2003

“La novela es fuertemente deudora de dos obras anteriores de investigadores aficionados: The Templar Revelation: Secret Guardians of the True Identity of Christ y Holy Blood, Holy Grail, una especulación sobre la pasión de Cristo. Los dos trabajos han sido desacreditados por la mayor parte de los investigadores serios”.

“Sus errores de bulto sólo pueden no llamar la atención del lector poco instruido”.

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New York Times


¿Desenmascara “El Código Da Vinci” a Leonardo?

Por Bruce Boucher
3 de agosto de 2003

“Más que una película, lo que parece que Brow ha compuesto ha sido una ópera de espías. Aquí viene a propósito la frase de Voltaire: ‘Si algo es demasiado tonto para ser dicho, al menos siempre podrá ser cantado’”.

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Our Sunday Visitor

“El Código Da Vinci” un ataque al Catolicismo”

Por Amy Welborn
8 de junio de 2003

“El Código Da Vinci” no aporta nada, aunque quizá enriquezca la paciencia del lector. Además no se trata de un misterio real, y el estilo es espantosamente banal, incluso para el propio género de ficción. Es pretencioso, fanático”.

“Muy pocas cosas de este entramado son propiamente originales. La mayoría de ellas proceden del fantasioso trabajo “Holy Blood, Holy Grail”, presentado como histórico, y el resto son remiendos de ridículas y gastadas teorías esotéricas y gnósticas”.

“El tratamiento de Brown a la Iglesia Católica Romana también es poco original. Repite acríticamente, entre otras mentiras y distorsiones, como por ejemplo que la Iglesia fue responsable de matar a cinco millones de brujas condenadas durante la Edad Media”.

“Tampoco estamos ante una novela de suspense bien trabajada. Hay pocas acciones destacables”.

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Pittsburgh Post-Gazette


La exactitud del superventas Da Vinci Code, bajo sospecha

Por Frank Wilson (Philadelphia Inquirer)
31 Agosto 2003

“El Código Da Vinci es inexacto hasta cuando baja al detalle (...) los fieles del Opus Dei no son monjes ni visten hábito”.

“Se ha dicho que el libro “en sí mismo es un ataque al mismo Cristianismo”.


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Weekly Standard


Dioses nuevos: Un par de bestsellers sobre religión.

Por Cynthia Grenier
22 de septiembre de 2003

“Llámeme escéptica, pero no estoy dispuesta a comprar esta novela. Los rituales que él relata son fruto de una mezcolanza de varios cuentos imaginarios”.

“Si usted alguna vez ha considerado la posibilidad de que el Santo Grial buscado por los caballeros del Rey Arturo es realmente el vientre de la Magdalena, entonces " El Código de Da Vinci " es su libro”.

“Por favor, alguien debería dar a este hombre y a sus editores unas clases básicas sobre la historia del cristianismo y un mapa”.

“Es bastante atrevido por parte del autor y de sus editores intentar narrar historias reales simplemente limitándose a citar nombres reales e históricos y detalles de aquí y de allá”.

© 2003, Oficina de información del Opus Dei en Internet

España
info@opusdei.es

Primero "El Codigo" despues "Decodificando"

La falacia «Da Vinci» Primero fue «El Código Da Vinci». Ahora viene «Decodificando a Da Vinci» («De-coding Da Vinci»). La falacia «Da Vinci» FORT WAYNE, Indiana, lunes, 3 mayo 2004 ( ZENIT.org ).- Primero fue «El Código Da Vinci». Ahora viene «Decodificando a Da Vinci» («De-coding Da Vinci»).

Éste último, de la escritora Amy Welborn, apunta a desenmascarar los errores que permean la novela best-seller de Dan Brown.

Welborn es columnista, redactora del semanario católico «Our Sunday Visitor» y autora de varios libros, incluyendo «Prove It!» (¡Pruébalo!), una serie de libros de apologética para jóvenes.

--«El Código Da Vinci», ¿no es más que una novela de ficción? ¿Por qué piensa que es importante escribir un libro así?

--Welborn: «El Código Da Vinci» es ciertamente una obra de ficción, realmente en muchos sentidos. Pero dentro del marco de esta novela, el autor, Dan Brown, presenta muchas afirmaciones sobre la historia, la religión y el arte. Las presenta como verdad, no como parte de su mundo de ficción.

Por ejemplo, uno de los puntos centrales de Brown es que los primeros cristianos no creían que Jesús fuera divino, y que Jesús y María Magdalena estaban casados.

Coloca estas afirmaciones en boca de los personajes eruditos, y las enmarca con frases como «dicen los historiadores» o «consideran los estudiosos». Además, Brown presenta dentro de su libro como verdaderas, no obstante su carencia de fiabilidad, fuentes, que también se ofrecen en una bibliografía ofrecida en su página web.

Además, Dan Brown ha afirmado repetidamente en entrevistas que parte de lo que hace en su libro es presentar una «historia perdida» hasta ahora para los lectores, y que está contento de hacerlo.

Por lo que, ciertamente, «El Código Da Vinci» es una novela, pero el autor hace afirmaciones sobre historia dentro de la novela, las presenta como hechos y ampliamente aceptados, y es éste elemento de la novela él que ha dejado intranquilos a algunos lectores y requiere una respuesta.

--¿Cuáles son las afirmaciones más importantes sobre los orígenes cristianos que Dan Brown hace en esta novela? ¿Qué es lo que más ha intranquilizado a la gente, como usted dice?

--Welborn: Brown hace varias afirmaciones, ninguna de las cuales puede asumirse seriamente como verdadera, en boca de eruditos ficticios.

El libro se basa en un Jesús, profesor mortal de sabiduría, que intentaba reintroducir la noción del «sagrado femenino» en la conciencia y experiencia humanas. Tuvo seguidores, y se casó con María Magdalena, que es considerada la líder de este movimiento.

A esto se opuso otro partido --el «partido de Pedro»-- que trabajó para suprimir la verdad, que se logró en última instancia con las acciones del emperador Constantino que «divinizó» a Jesús en el concilio de Nicea en el 325.

Es esta sugerencia de que la Iglesia cristiana se ha empeñado en una ocultación destructiva de la verdad lo que ha intranquilizado a los lectores, así como la idea --propuesta por afirmaciones de Brown como «los historiadores creen»-- de que Jesús no fue considerado divino por sus primeros seguidores.

--¿Cómo responde usted estas afirmaciones en su libro?

--Welborn: Lo primero que hago es precisar las contradicciones inherentes a estas declaraciones. Simplemente no tienen ningún sentido a diferentes niveles.

Por ejemplo, Brown dice que el «partido de Pedro», es decir, el cristianismo ortodoxo, se opuso a María Magdalena y la demonizó.

Pues bien, en los primeros siglos en que esto estaba supuestamente ocurriendo --los primeros tres siglos del cristianismo-- tenemos muchos ejemplos de Padres de la Iglesia que sostenían que María Magdalena recibiera una alabanza particular. María Magdalena es honrada como santa en el catolicismo y en la ortodoxia. ¿Cómo es que se la demonizó?

Además, y algo más fundamental, Brown afirma que Constantino básicamente inventó la noción de la divinidad de Cristo para apoyar su poder y unificar el imperio.

Si este fuera el caso, ¿qué era, en realidad, ese «partido de Pedro» de la ortodoxia que Brown afirma que ha estado luchando contra los devotos de María Magdalena por todo el poder durante estos siglos? No se sostiene.

En la base de todo esto está la cuestión de las fuentes, que me tomó mucho tiempo para tratarlas en mi libro. Los lectores necesitan entender que las fuentes de las que depende Brown son sobre todo escritos gnósticos que datan de finales del primer siglo como muy pronto, y con toda probabilidad de mucho más tarde.

Ignora completamente los escritos del Nuevo Testamento, que incluso los eruditos más escépticos datan del primer siglo, al igual que el testimonio de los Padres Griegos y Latinos, así como la evidencia litúrgica de estos tres primeros siglos.

Considerando esto, no hay razón para considerar como algo serio nada de lo que Brown afirma de los orígenes cristianos.

--¿Cuál es el papel del Opus Dei en «El Código Da Vinci»?

--Welborn: Me parece que en «El Código Da Vinci», el Opus Dei desempeña el papel que normalmente jugaban los jesuitas en las antiguas novelas y polémicas anticatólicas: una sociedad mundial secreta con lazos únicos con el Papa, constituida para nada bueno.

Brown usa una caricatura del Opus Dei en esta novela, aunque intenta disculpar a sus bases y los convierte en víctimas, más que en villanos.

Pero no resulta necesario decir que «El Código Da Vinci» está lleno de declaraciones y caracterizaciones erróneas del Opus Dei, como lo demuestra la figura más bien interesante de un «monje» del Opus Dei, lo que, ya en sí desautoriza todo lo que Brown tenga que añadir sobre el grupo porque el Opus Dei no tiene monjes.

--¿Son defendibles las afirmaciones que hace Brown sobre la obra artística de Leonardo?

--Welborn: En absoluto, y resulta más bien chocante lo evidente de sus errores, en casi todos los aspectos de la vida y obra del artista que procura presentar. Tengo muchos detalles en mi libro, pero creo que el punto de inicio es el nombre mismo del artista.

Brown se presenta a sí mismo como una especie de devoto y experto en historia del arte. Pero se refiere constantemente al artista en cuestión como «Da Vinci», como si éste fuera su nombre. No lo es. Es el indicativo de su ciudad natal.

Su nombre era «Leonardo», y éste es el nombre por el que es llamado en cualquier libro de arte que se consulte. Uno que proclama ser experto en arte y se refiere al artista como «da Vinci» es tan creíble como una persona que proclame ser historiador de la Iglesia refiriéndose a Jesús como «de Nazaret».

--¿Es «El Código Da Vinci» anticatólico?

--Welbron: Lo es, en este sentido: Dan Brown considera culpable al catolicismo por supuestos crímenes que, si fuera consecuente, harían culpable a todo el cristianismo.

Después de todo no es únicamente el catolicismo el que cree que Jesús es divino, recita el Credo de Nicea, y acepta el canon del Nuevo Testamento. No es sólo la Iglesia católica la que desempeña un papel --y ni mucho menos tan grande como Brown proclama-- en la ejecución de brujas durante el último periodo medieval y los inicios de la época moderna.

Como estadounidense, puedo decirle con toda confianza que los obispos católicos no estaban en el cargo durante los juicios contra las brujas del siglo XVII en Salem, Massachussets.

De modo que, en este sentido, se puede decir que «El Código Da Vinci» es anticatólico.

--¿Por qué cree que las afirmaciones sobre los orígenes cristianos que hace Brown han sido recibidas con tanto entusiasmo, incluso por los que se profesan cristianos?

--Welborn: Porque, desafortunadamente, no han recibido una buena educación en los orígenes históricos del cristianismo. Mi libro es esencialmente un intento de hacer algunas correcciones caballerosas a esta situación.

Animo a los lectores, en fin, a que no dependan de las tonterías de esta novela para ampliar su comprensión de los orígenes cristianos.

Si están interesados en quién era Jesús verdaderamente y qué fue lo que de verdad predicó y sobre qué, hay un modo muy accesible de hacerlo, que no tiene nada de secreto ni de oculto. Es el Nuevo Testamento. Es la vida sacramental de la Iglesia. Si quieren encontrar a Jesús, les digo, comiencen ahí. Se quedarán sorprendido de lo que encuentren.

Millones de personas lo han leído y ahora la verán en el cine

Entrevista con el escritor Mark Shea. Fuente Zenit.org.
6 de marzo 2006
Millones de personas en todo el mundo han leído «El Código da Vinci» y muchas más esperan ver la versión cinematográfica.

Por ello, Mark Shea y Ted Sri --escritor y profesor de Teología, respectivamente-- han escrito el libro «La decepción del Código Da Vinci» («The Da Vinci Deception», Ascension), una guía que hace la diferencia entre los hechos y la ficción narrados en el libro de Dan Brown.

Shea ha explicado a Zenit en esta entrevista las principales inexactitudes contenidas en el libro y por qué es una amenaza para la fe de los cristianos.

--¿Qué les llevó a escribir este libro?
--Shea: Decenas de millones de personas han leído «El Código da Vinci» y muchas han visto cómo su fe en Cristo y en la Iglesia católica quedaba sacudida. Este libro se ha convertido en un enorme fenómeno cultural, en gran parte porque ataca a la verdadera persona y misión de Jesucristo. Esto debe corregirse.

El "pseudoconocimiento" sobre la fe cristiana
La respuesta a largo plazo es que «El Código da Vinci» se ha convertido en la fuente de lo que yo llamo el «pseudoconocimiento» sobre la fe cristiana. El pseudoconocimiento es eso que «todos conocen», como el «hecho» de que Humphrey Bogart dijera «Tócala otra vez, Sam», aunque en realidad nunca lo dijo. El pseudoconocimiento no es preocupante cuando el tema es el guión de la película «Casablanca». Pero importa realmente cuando afecta negativamente a las creencias más sagradas de mil millones de personas, y cuando acusa a la Iglesia católica de ser una gran «asociación de delincuentes», fundada sobre la mentira de la divinidad de Jesús y de su resurrección. Cuando esto sucede, salen de sus botellas viejas mentiras, como cuando las mentiras registradas por la policía zarista del siglo XIX se convirtieron mas tarde, en los «Protocolos de los Sabios de Sión», en la base de lo que «todos saben» sobre los judíos, justificación de las terribles persecuciones antisemitas del siglo XX.

«El Código da Vinci» ha vendido cerca de 30 millones de ejemplares. En mayo, se estrenará la película y adquirirá una autoridad indiscutida entre una audiencia de millones de analfabetos históricos y teológicos, a no ser que los cristianos aclaren los hechos y ayuden a los espectadores a reconocer el mal que les han hecho.

Quienes dicen que «no es más que una novela» simplemente no comprenden que en esto consiste el engaño. La gente a menudo acepta en una novela de ficción lo que no aceptaría en un debate razonado. Y esto es sobre todo verdad porque Dan Brown, autor de «El Código da Vinci», ha afirmado recientemente que no cambiaría ninguna de sus aserciones básicas en caso de que lo que escribiera no fuera una novela. Brown pretende decir que tenemos que comprender que sus afirmaciones sobre el origen del cristianismo son verdaderas.

Los principales errores del Código da Vinci
--¿Cuáles son los principales errores de «El Código da Vinci»?
--Shea: No sólo hay errores garrafales sobre los hechos sino también mentiras descaradas, grandes y pequeñas, sobre prácticamente cada una de las materias que Brown toca en cuestiones de arte, historia y teología. Utiliza como fuentes a documentos falsos pretendiendo que corresponden con los hechos.

Afirma que Leonardo Da Vinci no da a Jesús un cáliz en su cuadro de «La Última Cena» para decir indirectamente que María Magdalena es el verdadero cáliz que lleva la «sangre de Jesús» --es decir, su hijo--, a pesar del hecho de que hay trece copas en la pintura. (Nota: Ver San Clemente I, siglo II, sobre la Sangre de Cristo)

Habla acerca del significado de una palabra aramea en el evangelio gnóstico de Felipe, olvidando el hecho que ese texto está escrito en copto.

Presenta a María Magdalena como la víctima de una campaña de difamación católica, sin detenerse a preguntarse por qué es una santa católica.

Culpa al «Vaticano» de varios complots y conspiraciones que supuestamente tuvieron lugar siglos antes de que existiera el Vaticano para poder conspirar.

Y, por supuesto, en la mayor mentira de todas, declara que todo el mundo antes del año 325 pensaba que Jesús no era más que un «profeta mortal» hasta que Constantino obligó al Concilio de Nicea a declararle Dios «por una diferencia escasa de votos». Por supuesto, no se para a preguntarse por qué, si Jesús fue sólo un «profeta mortal», se molestó en fundar una Iglesia, ni qué fue de la Iglesia durante los 300 primeros años del cristianismo si nadie daba culto a Jesús como Dios. (Nota: Se conservan escritos de los Padres de la Iglesia anteriores a esa fecha. Ver lo que ellos escribieron sobre Cristo: Ej. San Ignacio de Antioquía)

--¿Son un desafío para la Iglesia estas inexactidudes?
--Shea: Brown está intentando establecer un mito inventado, feminista y neopagano. El mito básico es: Jesús era feminista, partidario acérrimo del neopaganismo. Supuestamente la Iglesia cubrió todo esto con mentiras sobre su divinidad. El punto de vista de Brown es: regresemos al culto a la diosa como pretendió Jesús. Esta afirmación ridícula y sin ningún fundamento es, por supuesto, completamente contraria a los hechos de Jesús. Pero muchos en nuestra cultura lo creen pues es analfabeta históricamente. De manera que los católicos deben empezar a catequizarse no sólo a sí mismos sino a sus familias, amigos y vecinos. De lo contrario dejarán que este dañino mito siga extendiéndose.

--Las recientes respuestas violentas de los musulmanes contra las caricaturas de Mahoma parecen señalar crecientes tensiones entre la religión y la sociedad. ¿Qué piensa sobre el hecho de que la película salga precisamente ahora?
--Shea: Indudablemente, los promotores del filme intentarán definir las protestas católicas contra la tergiversación de los hechos por parte de «El Código da Vinci» como idénticas a las amenazas de los islamistas radicales a la libertad de expresión.
Ahora bien esta afirmación tiene un problema: la Iglesia no aprueba la quema de edificios o las amenazas de muerte contra la gente, incluso cuando mienten sobre Cristo. Nosotros sencillamente y educadamente pedimos que los creadores de «El Código da Vinci» no nos endilguen insultantes mentiras como si fueran hechos.

Los creadores de la cultura en Occidente desacreditan con más facilidad a la Iglesia que al Islam radical, pues saben perfectamente que el Vaticano no emite «fatuas», ni lanza amenazas de muerte.

--¿Por qué la gente se toma tan en serio las novelas de Dan Brown? En Roma hay incluso visitas guiadas para recorrer los lugares que aparecen en su libro «Ángeles y Demonios».
--Shea: «El Código da Vinci» no es más que una manifestación de lo que yo llamo el último «auténtico» Jesús, cada generación tiende a descubrir el último auténtico Jesús.
-Hace cien años, Albert Schweitzer descubrió que el «auténtico» Jesús era un Evangelio Social Protestante.
-En los explosivos años veinte, la gente descubrió que Jesús era un muchacho de un póster publicitario.
-En los treinta, los nazis descubrieron un «auténtico» Jesús que era ario, no judío, mientras que los comunistas descubrieron un Jesús que fue el primer «marxista».
-En los sesenta, se descubrió que el «auténtico» Jesús era un hijo de las flores, amante de los hongos alucinógenos, lo cual explicaba estupendamente todas las visiones y milagros.
-En los setenta, el «auténtico» Jesús resultó ser un «superstar» al modo de los dictados de la cultura rockera.
-En los ochenta, apareció en escena para prometer salud y prosperidad y curar a tu niño interior, al modo de cuando sufría crisis existenciales --luchando con su libido y comido por la duda sobre sí mismo--, como si fuera un ensimismado niño de la generación del «boom», en «La última tentación de Cristo».
-En los noventa, de repente se descubrió que era un entusiasta homosexual en la obra blasfema «Corpus Christi».
-Hoy, vivimos en una cultura obsesionada con la vida sexual de los ricos y famosos, que cree con facilidad en amplias teorías de conspiración, repleta de nociones sobre paganismo y feminismo, y hostil a las nociones tradicionales tanto de razón como de autoridad.

Por una incomprensible coincidencia, Dan Brown ha descubierto un «auténtico» Jesús que refleja perfectamente esta amplia cultura veleidosa. Y cuando la gente cree cosas basadas en esta cultura mudable, especialmente cosas malignas, esto es dañino para su fe. Nuestro libro está pensado precisamente para ayudar a la gente a que deje de tomar tan en serio «El Código da Vinci». Felizmente, Dan Brown y compañía nos han puesto las cosas fáciles en este sentido.

La verdad tras "El Código da Vinci"

Autor: Zenit.org | Fuente: Zenit.org
La verdad tras «El Código da Vinci»
Es una obra de ficción, pero muchos lectores piensan que han encontrado la «verdad» en «El Código da Vinci» de Dan Brown.
La verdad tras «El Código da Vinci»
La verdad tras «El Código da Vinci»

EUGENE, Oregon, sábado, 20 marzo 2004 ( ZENIT.org ).- Es una obra de ficción, pero muchos lectores piensan que han encontrado la «verdad» en «El Código da Vinci» de Dan Brown.

Los cristianos también han sido engañados --muchos piensan que es un libro inofensivo que enriquece su fe--. Es lo que ha movido a Carl Olson, junto con Sandra Miesel, a escribir un libro llamado «The da Vinci Hoax» (El Engaño da Vinci), que saldrá este verano.

Olson, editor de la revista Envoy, compartió con ZENIT la exposición y crítica que hace en su libro de los numerosos errores de «El Código da Vinci», y analizó lo que el éxito de la novela deja ver del panorama cultural y religioso de América.

--¿Por qué se siente obligado a descifrar «El Código da Vinci»?


--Olson: El pasado mes de agosto un amigo me llamó para decirme, en un tono un tanto agitado, «tienes que leer esta novela». Le habían dado «El Código da Vinci» como regalo de cumpleaños; al leerlo, descubrió que estaba lleno de errores y tenía un fuerte componente contrario a la Iglesia católica.

Dado mi labor en la apologética, mi amigo pensó que debía estar enterado de la novela, puesto que había recibido la aclamación de la crítica y se estaba vendiendo tan bien – actualmente más de 6 millones de ejemplares.

Cuando vi las cifras de ventas y comencé a leer recensiones, entendí la idea. La novela generaba –y todavía lo hace- mucha controversia y confusión. Si bien se trata de una obra de ficción, es considerada por muchos como una representación históricamente exacta y efectiva de los primeros cristianos y de la Iglesia católica. Por lo que compré un ejemplo, tomé un bolígrafo rojo y comencé a trabajar.

Al mismo tiempo, la historiadora medieval y periodista Sandra Miesel me envió una copia de su excelente recensión de «El Código da Vinci» para la revista Crisis.

También comencé a recibir emails sobre la novela de lectores del Envoy: ¿Deberían leerla? ¿Qué se podría responder a su contenido? ¿Es exacta?

Pregunté por tanto a Sandra si trabajaría conmigo en algunos artículos para Internet y en un libro, que será «El Engaño da Vinci».

La meta es doble: exponer y criticar los numerosos errores en «El Código da Vinci», y presentar la verdad sobre la primera Iglesia, el catolicismo, la historia medieval, y una serie de otros temas. También analizamos el éxito de la novela y hablamos sobre lo que indica del panorama cultural y religioso.

--¿Cuáles son los problemas teológicos primarios de «El Código da Vinci»?


--Olson: La novela se basa en una serie de creencias esotéricas, neo-gnósticas y feministas que están en oposición directa con el cristianismo. Mucho se ha hablado de la mención de la novela de que Jesús y María Magdalena estaban casados, pero eso sólo es la punta de iceberg.

Tras la superficie se encuentran sistemas de creencias que enseñan que el cristianismo es una mentira violenta y sangrienta, que la Iglesia católica es una institución siniestra y misógina, y que la verdad es, en última instancia, creación y producto de cada persona.

Dan Brown, el autor de la novela, ha admitido prontamente en entrevistas que la mayoría de las ideas en «El Código da Vinci» no son originales suyas. La herencia intelectual, ideológica y espiritual de «El Código da Vinci» se puede rastrear en pasadas décadas, incluso siglos.

La novela es apenas innovadora ni marca ningún antes y después como algunos lectores piensas. Como demuestran nuestros artículos y el libro, Brown ha tomado la mayoría de sus ideas de unos cuantos libros recientes, libros populares que están llenos de teorías de conspiración, de imágenes sesgadas de la teología católica y de extrañas e insustanciales referencias a acontecimientos y personajes históricos.

Al final, lo que Brown ha logrado es la creación de un mito popular que destila y presenta creencias de forma que no exijan sino que entretengan y atraigan.

Este mito funciona en más de un nivel, al ser una novela de misterio, un romance, un thriller, una teoría conspiratoria y manifiesto espiritual, todo a la vez.

Un rasgo de su atracción es que promete una forma de gnosis – o conocimiento secreto- sobre algunos temas y sugiere que es en el individualismo subjetivo, no en la religión tradicional, donde radican las verdaderas respuestas a las grandes cuestiones de la vida.

La triste ironía es que algunos católicos piensan que la novela es un maravilloso trabajo de literatura que puede, de alguna manera, ayudarles a explorar y a entender mejor su fe. Pero la novela se basa en la creencia de que Jesús era un mero hombre, que el cristianismo es un despreciable impostor y que se debe evitar toda referencia a la verdad religiosa objetiva.

--La novela presenta una página de entrada titulada «El Hecho», que establece: «Todas las descripciones de obras de arte, arquitectura, documentos y rituales secretos de esta novela son exactos». Usted ha encontrado muchas cosas en este libro que de ninguna manera son exactas. ¿En qué se basan estos errores? ¿Cuáles son sus peligros?

--Olson: La amplia aceptación de la mayoría de las referencias de Brown es algo asombroso, sobre todo porque muchas de ellas no lograrían pasar lo que llamaríamos «la prueba de la enciclopedia escolar».

Por ejemplo, la novela indica que la «Virgen de las Rocas» de Leonardo da Vinci, que se encuentra en el Louvre, es «un lienzo de cinco pies de alto», aunque una rápida búsqueda en Internet o en una enciclopedia nos muestra que tiene seis pies y medio de altura.

Normalmente, esta clase de detalles se podrían considerar licencias artísticas. Pero la insistencia de Brown en que las representaciones de obras de arte son exactas – y su esposa es historiadora de arte – indican que no es cuidadosa con la verdad.

Esto se convierte en un problema mucho más serio cuando hace referencia a que antes del Concilio de Nicea nadie creía que Jesús fuera divino, que la Iglesia católica quemó a 5 millones de mujeres en la hoguera en el medioevo y que todas las más importantes creencias del cristianismo se han robado de las religiones paganas.

Esta clase de asertos parecen basarse en una sincera aversión a la Iglesia católica – la novela nunca menciona al protestantismo ni a la ortodoxia oriental – y a un deseo de desafiar los conocimientos aceptados de acontecimientos, personajes y creencias.

El peligro está en que muchos lectores al parecer están tomando las referencias de la novela como hechos verificados y creen que han descubierto el talón de Aquiles de la Iglesia.

Esto llega a ser aún más difícil cuando dichas personas no quieren ni siquiera considerar las refutaciones o respuestas a «El Código da Vinci». Aquí está otra vez la llamada a un supuesto conocimiento secreto: una vez que la persona lo tiene, no cree que necesite considerar los argumentos o hechos contrarios.

--¿Por qué cree que este libro ha atraído a tanta gente, incluyendo a cristianos?


--Olson: La novela mezcla juntos elementos que son absolutamente atractivos dentro de una cultura posmoderna: una actitud relativista hacia la verdad y la religión, referencias basadas en conspiraciones, feminismo radical, aversión por la autoridad religiosa y la creencia implícita de que la realidad es maleable y puede ser adaptada, así lo dice, a los deseos de cada persona.

Sin embargo, el libro se basa en una fórmula standard utilizada por las novelas de romance, y pesar de toda su charla de extraños rituales de sexo y androginia tiene en su base una historia de amor tradicional.

Otro factor es que la novela se lee como un guión hecho para televisión, con capítulos cortos, conversaciones concisas, desarrollo de personajes breve y contextos escasamente construidos.

Se hace un abrumador énfasis en las emociones de los personajes. Así, aunque la novela contiene referencias que podrían resultar extrañas a los lectores, mantiene también un cierto nivel de agrado.

Aunque «El Código da Vinci» es una novela ha provocado que muchos medios y el público en general ponga en duda la veracidad de los Evangelios y elementos de la enseñanza de la Iglesia. ¿Están perdiendo la sociedad contemporánea la capacidad de distinguir entre cultura pop y realidad?

--Olson: Tristemente, para algunas personas, la cultura pop es la realidad – o al menos el único medio por el que interactuará y hará frente a la realidad.

No es que la cultura pop sea mala o que la cultura pop no tenga nada que ofrecer. Pero la cultura pop se basa mucho en proporcionar a la gente lo que quieren escuchar o ver o sentir, sin importar su grado de verdad.

También simplifica y convierte en sensaciones asuntos que son complejos y requieren un cuidadoso estudio. Y puesto que mucha de la cultura pop es una cultura joven y de rock ‘n’ roll, prospera desafiando a la autoridad y a las ideas aceptadas, a menudo sin razón alguna sino es la emoción de la rebelión.

Sin embargo, se debe observar que muchas de las ideas clave en «El Código da Vinci» salieron a la luz en un ambiente de educación más elevada, incluyendo los desafíos al contenido y datación de los Evangelios, así como los desafíos a la enseñanza de la Iglesia sobre algunos temas.

Éste es el caso también de los mensajes feministas radicales en la novela. Han sido populares en universidades e institutos durante décadas, pero la novela lo presenta en una forma de ficción que absorberán millones, no sólo unos cuantos cientos.

--¿Cómo pueden la Iglesia y sus miembros disipar los mitos de «El Código da Vinci»?


--Olson: Se debe reconocer que novelas como «El Código da Vinci» no son «sólo ficción». Son medios para transportar ideas y creencias a grandes grupos de gente, a menudo sin que los lectores aprecien plenamente lo que están consumiendo.

Un interés no estriba en decir a la gente que no lea la novela, sino animarla a que analicen y determinen cuidadosamente lo que está diciendo y consideren por qué se escribió.

Los errores y falsas ideas de la novela necesitan considerarse punto por punto. Nuestro libro lo hace con gran detalle. Aunque la refutación resulta inestimable, lo verdaderamente importante es la catequesis.

El reconocer los problemas de facto y lógicos que rodean a «El Código da Vinci» no debería necesitar ni estudios avanzados ni décadas de análisis. Una buena catequesis irá más lejos a la hora de vacunar a los católicos ante el error y proporcionarles un entendimiento de la doctrina, práctica e historia de la Iglesia.